Koldo Mitxelena Elissalt 1915-1987

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Desde el comienzo tuvimos claro que Koldo Mitxelena, hombre de curiosidad universal, no era un erudito al uso, encerrado en su disciplina. Mucho menos un vascológo más de los que en Euskaria han sido. Ni un hombre unidimensional, temeroso de las salpicaduras de la política. Ni un intelectual orgánico al servicio del nacionalismo vasco.

K. Mitxelena fue una personalidad difícil de clasificar, diríase “inclasificable”. Nacionalista vasco “engagé” desde su adolescencia, hijo de nacionalistas, tuvo –y apreció en gran medida- amigos, vascos y no vascos, “del otro bando” que le apoyaron de forma incondicional. Por otra parte nunca le vimos incurrir en las exageradas interpretaciones de la historia, propias de “los vencidos”. Sin que ello le hiciera, por otra parte, caer en las redes de la mitificación desmitidicadora, o en las de (¡oh tentación!) la mimética a la inversa, eso que se suele denominar comunmente “llevar la contraria” por sistema. Sus aceradas réplicas y diatribas disparaban a dianas perfectamente definidas, no eran fruto del azar. Y ¡pobre del que incurriera en sus justas iras! Reflejar todo esto en una exposición tal vez sea una tarea excesiva, que no se nos haya pedido, pero hemos procurado hacerlo.(...)

Otra de las dificultades fue de diferente índole. La espectacularidad del material referente a la guerra y a las estancias carcelarias contrastaba con la grisura gráfica de la documentación relacionada con su enorme actividad intelectual. Dicho de otro modo, por las razones que sean, un condenado a muerte resulta visualmente mucho más interesante que un profesor escribiendo en una pizarra o recibiendo una distinción. Mitxelena había sido ambas cosas y nuestro cometido era una exposición, no una tesis doctoral. A efectos de no distorsionar la realidad, tuvimos que eliminar de la vista mucho material de gran interés emocional: estabamos procurando plasmar la biografía de un gran intelectual, no la de un ilustre preso. Si el protagonista hubiera sido Marc Bloch, condenado a muerte en 1944, nos hubiéramos hallado en la misma circunstancia, sólo que con un final a la inversa...

Nuestra filosofía, ha sido, pues, la de hacer aflorar en su conjunto y de forma secuencial la nada corriente trayectoria vital de un hombre nada corriente. Sin olvidar lo esencial pero, desembarazando a la exposición de un posible lastre desequilibrador, del morbo que la dramática experiencia vivida por Mitxelena en su juventud y primera madurez pudiera suscitar en demasía. Lo hemos hecho así por seriedad profesional pero también porque el mismo Koldo manifestó, repetidas veces, estar harto de victimismos y su apuesta por un futuro, sin olvidos, pero sin revanchas, sin perseguir dividendos procedentes del dolor y de la muerte. Apostando por un pasado asumido y amnistiado merced a la generosidad de todos.

Idoia Estornés


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