José Ramon Zuriarrain

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En sus exposiciones individuales anteriores la travesía del paisaje ha primado sobre las del retrato y autorretrato; mientras que en esta muestra que celebra en Koldo Mitxelena Kulturunea apenas queda representada salvo por esa siniestra obra titulada Rocas en la oscuridad (1992), una distopía en grises y azules, en la que han desaparecido todas las variaciones del verde que fluyen habitualmente en la mayoría de sus paisajes. Queda entonces, en esta exposición, el paisaje relegado como fondo contrapuesto a las figuras, salvo en Mujer hueso (2003), o en Cara guadaña (1982), donde se entrevera o híbrida de manera indeterminada con las mismas. Pero ese paisaje casi siempre licuante compuesto de colores, texturas y formas sin atribución fija, que suele informar una gran parte de su producción pictórica también está presente en su Autorretrato (1996), donde adquiere un protagonismo similar al de su propia figura semievanescente. Valdría decir que esta pintura deviene caso ejemplar como travesía por el paisaje y al mismo tiempo como paradigma de su travesía pictórica. Otros espacios, otras cartografías despliega Zuriarrain en esta muestra. Como si temiera perderlos, varios de los que más huellas de su existencia han acogido los salva de la obsolescencia a través de su recreación pictórica.