Soledad Sevilla. Lur

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3/3/2000 - 13/5/2000


Artistas: Soledad Sevilla
Textos: Fernando Golvano, Marina Mayoral
Montaje: Tema SA



Soledad Sevilla (Valencia, 1944) en su dilatada trayectoria artística –su primera exposición individual fue en 1969– ha ido gestando varios giros artísticos y una singular posición en el heterogéneo panorama de la creación contemporánea. En sus comienzos sobresalía un interés por una pintura vinculada a las tradiciones de la abstracción geométrica: sus formas reticulares y las variaciones componían una específica economía visual de signos y de investigaciones en las que cierta objetividad y reflexividad constructiva eran otro modo de aproximación a lo espiritual pero sin dejar apenas espacio al azar, a lo contingente y a lo expresivo. Participó en lo seminarios del Centro de Cálculo en Madrid con artistas como Yturralde, Sempere, Asins y Alexanco. Posteriormente durante su estancia en la Universidad de Harvard continúa sus investigaciones sobre sus desarrollos modulares y geométricos pero expandiéndolo del campo pictórico. De ese modo, inicia una práctica artística atenta a la creación de atmósferas espaciales, en las que sus retículas pictóricas y las posibilidades de otros elementos como la luz podían envolver al espectador y generar una inquietud poética y mística.

Será a principios de los años ochenta cuando la instalación se incorpora en su trayectoria creativa como un recurso expresivo e investigador primordial a través del cual encuentre un diálogo ininterrumpido con la pintura, que por otro lado deriva hacia una abstracción lírica, y en ocasiones, hacia una sutil figuración. No obstante, en sus instalaciones se desvía de la orientación conceptual, dominante en esta práctica artística, para establecer una complicidad esencial entre lo emocional y lo racional, entre la experiencia plástica y la poética. Menos preocupada por problemas formales, a partir de mediados de los años ochenta, sus obras establecen una búsqueda más consciente del sentido, de los avatares y dramas que acompañan a nuestra existencia. Así, en sus instalaciones enuncia poéticamente una recurrencia al tiempo y a su dinámica dual –agente de creación y de obsolescencia–, al agua –símbolo de vida y memoria de los lugares de su ensoñación como la Alhambra de Granada–, a la luz creadora de atmósferas y espacios metamórficos, a la tierra como anclaje y arraigo de la experiencia cotidiana, a las formas reticulares y fragmentarias –que son a su vez una entrada a la totalidad inabordable, otra memoria de los motivos tan presentes en la arquitectura árabe, y una resonancia de sus investigaciones plásticas. El hilo de cobre y de algodón serán otros materiales que empleará a menudo.

En esta muestra que se presenta en la Sala de Exposiciones del KM las instalaciones Música de agua, Lur y Casa para la conciencia son producidas por dicha institución. En la primera y la tercera, vuelve a mostrar su interés por las dualidades expresivas que en su interacción provocan el agua y la luz –movilidad/inmovilidad, ocultación/revelación, luz/sombra, imagen/reflejo–, y que se reconocían en otras instalaciones como en Fons et origo (1987) y en La habitación de la lluvia (1995). En Lur despliega una paradójica reunión de materiales naturales y construidos, y también una dualidad compositiva y de color, que recrea el recuerdo de otros ámbitos y otros tiempos: como vestigios de paisajes de la memoria. Evocan ecos del ‘land art’ y también del romanticismo fraterno con la experiencia inefable de la naturaleza.

En las obras de Soledad Sevilla se puede reconocer una búsqueda del tiempo pleno, denso en experiencias y acontecimientos paradójicos, receptivo a los misterios del mundo, alegres y fatales. Silenciosas, sus obras devienen intempestivas. Más allá de la contemplación ensimismada, nos invitan a celebrar nuestra presencia en el mundo, con sus presagios, incertidumbres y metamorfosis. La mediación poética, tan presente en sus títulos y a menudo de signo melancólica, es la vía de conocimiento estético que nos invita a recorrer con sus instalaciones y pinturas.

(Texto escrito por Fernando Golvano para el periódico de la exposición: Soledad Sevilla.Lur)