XXXVI certamen de artistas noveles

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19/9/1995 - 28/10/1995

Artistas:

Imanol Alcalde, Ander Alkorta, Jasone Anso, Ibon Aramberri, Gorka Aranburu, Borja Arratibel, Igor Arrieta, Floro Azqueta, Gloria Cadenas, Teresa Castro, Marisa Egaña, Idioia Elosegi, Iñigo Fernández de Nograro, Urko Galdona, Iñaki Gracenea, Mikel Louvelli, Juan Mantxola, Belen Moreno, Nerea Orbegozo, Mikel Peña, Sergio Prego, Iñaki Rodriguez, Xabier Salaberria,  Maria Pilar Soberón, Andoni Treku, Ion Andoni Urisabel, Joses Francisco Vaquero,  Oier Villar, Guillermo Zuaznabar

 

1er.  premio:  Maria Pilar Soberón, Cita al jinete del cubo de Kafka.

2º premio: Sergio Prego , Sin título

3er. premio: Guillermo Zuaznabar,  Módulos en escala 1:5.
 

  La Exposición de Artistas Noveles guipuzcoanos.

Adelina Moya

“La edad moderna no es sólo el descubrimiento y la desmitificación de los errores de la razón, sino también la pervivencia en formas diversas, de alguna forma degradadas, de aquellos mismos “errores”. Una cultura secularizada no es simplemente una cultura que haya dado la espalda a los contenidos religiosos de la tradición, sino la que continúa viviéndolos como huellas, o como modelos encubiertos y distorsionados, pero profundamente presentes”. Gianni Vattimo, La Sociedad Transparente. Paidos, 1989.

Hacer una síntesis sobre el Certamen de Artistas Noveles (1920 - 1995), no ha resultado fácil tarea, a pesar de la brevedad del texto que queda como resultado. Ni se pretende hacer una investigación a fondo, que no viene a cuento para la ocasión, ni dejar de tener en cuenta su larga duración y cambios esenciales; simplemente, si ello es posible, ayudar a pensar un poco en el presente, consciente de que el pasado y el futuro le conciernen.

Comenzaré relacionando el Certamen de Noveles con el proceso secularizador del arte moderno, que Walter Benjamin definía como la sustitución del valor cultural o devoto de la obra de arte, por su valor exhibitivo. “A medida que se seculariza el valor cultural de la imagen, nos representaremos con mayor indeterminación del sustrato de su singularidad. La singularidad empírica del artista o de su actividad artística, desplaza cada vez más en la mente del espectador a la singularidad de las manifestaciones que imperan en la imagen cultural”.

Junto a este factor temporal y en cierto modo progresista, hay que tener en cuenta el dato espacial, que lo justifica: el reconocimiento y promoción de artistas jóvenes de un territorio. Es decir, unas singularidades artísticas implicadas en otra singularidad del territorio, cuyo núcleo representativo es la ciudad de San Sebastián[1]. En cualquier caso, a lo largo de la historia de lo que primero se llamó Exposición y más tarde (1977) Certamen de Artistas Noveles Guipuzcoanos, se advierte un mecanismo de apertura muy consensuada, podemos decir sin miedo, limitada por su carácter local[2].

Este certamen, que ha contribuído a configurar lo que hoy se perfila como tradición moderna dentro del País Vasco, puede constituir, al tiempo que se lanza nuevamente hacia una promoción más competitiva y sensible de sus artistas, un campo de estudio o de reflexión en que verificar las contradicciones del arte como contradicciones no sólo de los artistas, o de la obra, o de los jurados, sino de una determinada sociedad del siglo XX.


Los comienzos: 1920 - 1935.

Desde 1920, en que la Diputación lo puso en funcionamiento como sustitución a unas becas de artes plásticas, la prensa registró la evolución inicial del certamen, que se desarrollaba entre una dictadura y una república, pasando por momentos de entusiasmo y de fuerte desaliento[3].

A una época fundante, jovial y optimista desde el punto de vista de los resultados, siguió una época más inquieta y crítica, por no colmar las expectativas creadas, o simplemente porque el certamen no era ya el polo de concentración de esfuerzos, que se orientaban hacia otras metas de mayor envergadura. Sin embargo, dirigiendo la atención hacia la obra y los artistas, y su seguimiento por la crítica, se puede comprobar una renovación creciente y cierta conexión con las vanguardias históricas.

Así como en los años 20 se hablaba de la beneficiosa influencia modernizante que ejercía la pintura “planista” de Vazquez Díaz en la mayoría de los jóvenes noveles, como Montes Iturrioz, Jesús Olasagasti, Juan Cabanas o José Miguel Zumalabe, en los años 30 se aplaudía la obra que se calificaba como vanguardista de Jorge Oteiza, Nicolás Lekuona o un tal Imaz de Tolosa, con toda naturalidad. Es decir, que en pocos años se había pasado de valorar como lo más moderno un cierto postcubismo de tema vasco, a reconocer una difusa vanguardia, sin necesidad de mayores precisiones.

Lo cierto es que no se puede separar el certamen de los restantes acontecimientos político-culturales que se estaban produciendo en San Sebastian y que iban a devenir en sucesos artísticos importantes, porque en todos ellos se movían como organizadores algunos de los jóvenes que habían destacado en él, como Jesús Olasagasti y Juan Cabanas Erauskin, colaborando con arquitectos y gente de la cultura. Así ocurre con la “Exposición de Pintura y Arquitectura Moderna” en 1930, la Exposición de “Pintura y Escultura (Artistas ibéricos)” en 1931, la fundación de la sociedad GU de artistas, en 1934; o la más modesta, pero importante exposición del grupo configurado a partir de la X Exposición de Noveles de 1993, Oteiza-Lekuona-Balenciaga, realizada en 1934, con Escultura-Pintura-Fotografía, en torno a la que el escultor proponía crear un grupo de artistas nacionalistas - revolucionarios.

También hay que tener en cuenta una ideologización progresivamente reflejada en la obra, que sugiere discrepancias en el concepto de renacimiento vasco, con un estatuto de autonomía no consumado como telón de fondo. Ciertas líneas de renovación etnográfica, como la de los pintores Flores Kaperotxipi o el mismo Bienabe Artía, se diferencian del más provocador expresionismo ingenuo de Balenciaga, o de la ruptura crítica, primitivista en la obra de Oteiza. Y se advierte un deslizamiento hacia el clasicismo novecentista italiano, enobras de Olasagasti y Cabanas Erauskin.

Por otra parte, el desarrollo del cartel y artes decorativas en la segunda fase del certamen importancia, que no fue correspondida con premios dignos[4].

Los duros años de Posguerra: 1940 - 1959.

Tras la guerra civil se retomó casi de inmediato la Exposición de Artistas Noveles Guipuzcoanos, celebrándose en 1942 su XII versión, es de suponer que con el apoyo de los artistas próximos al régimen de Franco, como Carlos Ribera y Jesús Olasagasti, aunque oficialmente lo solicitó el presidente del Círculo San Ignacio[5]. Poco he averiguado de los años cuarenta, salvo que el certamen seguía siendo bianual, como desde 1928. Puedo imaginar una obra de tema religioso, retrato y paisaje, autocensurada en su expresión, aunque continuadora de cierto retroceso anterior a la guerra ya previsible en el propio Certamen de Noveles de 1935[6].

En la década siguiente las cosas comenzaban a cambiar, al tiempo que en España se producían los movimientos de abstractos e informalistas, y el detonador de Aránzazu creaba espectativas renovadoras para el arte vasco. Venían sonando nombre como el de Miguel Angel Alvarez y Ana Mª Parra entre la generación de renovadores, a la que había de sumarse en los cincuenta los nombres de futuros componentes del grupo UR, Gracenea, Tapia y Rocandio así como los de los futuros integrantes del grupo GAUR. Entre 1953, 1955, 1957, 1959 vemos en la documentación del certamen los nombres de Rafael Ruiz Balerdi, Remigio Mendiburu, Bonifacio Alfonso, Sistiaga y Zumeta. Pero así como Rafael Ruiz Balerdi conseguiría un segundo premio en 1955 y primer premio en 1957, o Remigio Mendiburu un primer premio de escultura en 1959, Sistiaga obtuvo un premio de menor consideración (4º), y Zumeta no pasó de ser seleccionado. Resulta sorprendente, habiendo olvidado lo que supuso la involución del franquismo, comprobar que los jóvenes que iban a luchar por la vanguardia poco después, presentaban en 1955 una obra con títulos tan convencionales como “Bodegón en azul”, “Puente de Mª Cristina”, etc. Pero podemos pensar que la estrechez del ambiente contribuiría a crear las expectativas de su marcha a París, donde ya se movían como grupo a finales de los años 50 Balerdi, Sistiaga y Zumeta[7]. Allí conocieron las vanguardias que desde principio de los años 60 defenderían en San Sebastian y que más adelante concretarían en el grupo GAUR de la Escuela Vasca (Oteiza, Chillida, Basterretxea, Mendiburu, Balerdi, Sistiaga, Zumeta y Amable Arias, 1966).

Vid. Ana Olaizola. “Arte y artistas vascos en los años 60”. Catálogo Koldo Mitxelena Kulturunea. San Sebastian, 1995.

El paréntesis de los años sesenta-setenta ha de notarse de modo importante. Mientras en la vida artística donostiarra se identificaban gestos y acciones de vanguardia con militancia antifranquista, Noveles desaparecía durante casi dos decenios: 1959 - 1977. (La generación que vivió el impacto del Pop Art quedó por tanto fuera de este certamen).

Hacia una remodelación total (1977 - 1993).

Poco después de la muerte de Franco se inicia una nueva época del certamen que supuso una remodelación total[8]. Pese a la falta de distancia, una mirada a los premios implica algunas observaciones inmediatas, como la diferencia entre la pintura y la escultura, que concurren en igualdad de condiciones desde 1978, o la influencia evidente de Jorge Oteiza en los noveles de escultura.

Así como en los años 20 se hablaba de una inequívoca influencia modernizante de la obra de Vazquez Díaz sobre los pintores noveles que produjo un cierto arquetipo renovador, me parece reconocer ahora un fenómeno semejante respecto a la incidencia de Jorge Oteiza en los noveles, entre 1978 y 1988.

Mirando la obra premiada en los últimos 18 años, resulta difícil, como antes, ajustar esas dos coordenadas espacio-temporales cuyo desenfoque tiende a distorsionar la visión.

Por una parte, la pintura se relaciona con el contexto hispano (no totalmente indiferente pero sí lejano de las corrientes internacionales) en que el realismo (crítico, mágico, pop) parece haber tomado el relevo al informalismo[9]. Podemos citar como ejemplos las dos obras premiadas a Juan María Azpeitia, “No nos dejarán ver lo que pasa”, “Visión del Náufrago”, Joxan Arretxe Insausti, “A lo viejo” y más adelante “Ventana a la historia de la Pintura” de José Mari Lazkano o “El hombre del tiempo” de

J.R.Azpilicueta. Avanzados los ochenta se observa el eco de la trasvanguardia y expresionismo alemán en la pintura de López Garmendia, Raul Urrutikoetxea, Luis Ezeiza, eco que podemos relacionar también con la obra del escultor Koldobika jauregi. En realidad, la única evidencia en pintura es el predominio de la representación figurativa y una continua variación de modas que contrasta con la intemporalidad de la escultura.

Resulta igual de sorprendente el protagonismo de la escultura abstracta, más lírica que geométrica, que se mueve todavía hasta casi el final de los 80 en la onda expansiva desarrollada por “Quosque Tandem” y el grupo GAUR de la Escuela Vasca (1963 y 1966). La obra de José Manuel Isasa (“Yunque”, “Dardara”), Mikel Kristi Etxeberria (“Estudio estético del corte”), Joxe Lasa Iturrioz (Sin título), etc. dan testimonio de ello.

No hay que olvidar que lo que aquí se menciona es en base a unos resultados, no repecto a la obra presentada, que precisaría un mas profundizado estudio, al que por otra parte me refería al principio. La selección de los jurados, predominantemente locales y me atrevería a decir que conservadores (derecho que me asiste por haber participado en varias ocasiones), puede tener que ver con dichos resultados.

Desde el final de los años 80 se está produciendo otro cambio, no podemos decir si de corto o largo alcance[10]. Las señas de identidad de la escultura se han evaporado o reconvertido (Idoia Monton, J.Arribas, Alberto Oyarzabal, Nekane Zaldua, Mikel Bergara), la pintura se refiere más a sí misma (Eduardo Lopez, Gorka Eizaguirre, Juan Perez, Manu Muniategiandikoetxea), la fotografía introducida por Itziar Ocariz y Azucena Vieites[11], incorpora un gesto feminista. Y como está ocurriendo en otros certámenes, las artistas toman la palabra, quién sabe si por mucho tiempo[12].

 



[1] El ser guipuzcoano como condición a presentar al certamen ha ido aclimatándose al paso del tiempo; las bases de 1935 convalidaron el nacimiento por 10 años de permanencia en Gipuzkoa; en 1953 se redujeron a 6 años y en 1977 a 5 de permanencia continuada.

[2] Se ha confundido frecuentemente, parece, la necesaria procedencia guipuzcoana de los participantes con la de los jurados.

[3] En síntesis, el certamen fue muy criticado a partir de 1926, en que pasó a ser bianual, pero el número de sus participantes fue creciendo y llegó a trascender a las páginas de Blanco y Negro, que escribía Manuel Abril. Este criticó ferozmente, no a los artistas, sino el sistema de dar dinero a jóvenes valores como a artistas mediocres y, sobre todo, la falta de interés hacia la compra de obras. Vid.”Orígenes de la vanguardia artística en el País Vasco”. Adelina Moya, Electa, 1994.

[4] A partir de 1921 se contó con la importante suma de 14.000 pts. para premios. Siendo el jurado el encargado de distribuir a su modo los premios, siempre se diseminó excesivamente las cuantías. En comparación con la pintura, la escultura estuvo en general menospreciada y los premios de artes decorativas o cartel todavía peor. Muchos artistas recibían algún dinero y ninguno lo suficiente, por lo que se presentaban los mismo año tras año, tapando el acceso de nuevos valores.

[5] Para esta parte, los datos consultados del archivo de la Diputación están incompletos. En el jurado de 1955 aparecen los exnoveles Olasagasti, Montes Iturrioz, Julio Franco, con el pintor y crítico Carlos Ribera. También pueden consultarse datos sobre este momento del certamen en “La Pintura Vasca” de Alvarez Emparanza.

[6] El último certamen anterior a la guerra fue más conservador en premios y jurado (José Moreno Carbonero, Elías Salaverría y Moisés Huerta). José Sarriegui organizó un escándalo descolgando la obra de su amigo Lekuona, no premiado.

[7] Vid. Ana Olaizaola. “Arte y artistas vascos en los años 60”. Catálogo Koldo Mitxelena Kulturunea. San Sebastián, 1995.

[8] La colaboración entre Diputación y Caja de Ahorros Provincial, así como el cambio de régimen suponen una remodelación total. No sin forcejeos entre ambas instituciones. En 1977 se convocó como Certamen de Pintores Noveles pero al siguiente año se retomó la denominación Artistas, equiparándose cuatro primeros premios para pintura y escultura. Veamos el texto de Diputación: “la primera y fundamental (objeción) es el establecimiento de premios iguales en número y cuantía para Pintura y Escultura... se ha olvidado que el número de pintores es en la Provincia muy superior al de escultores... que se pueden contar con los dedos de la mano”. En el mismo, se discute también los jurados: “Otra equivocación por parte de la Caja, es la composición del jurado al incluir en él exclusivamente pintores y escultores profesionales que, es público y notorio, tienen sus preferencias por determinadas expresiones artísticas. Ello vicia la parcialidad de los fallos... el jurado debería estar compuesto exclusivamente por técnicos en cuestiones estéticas artísticas - como se hace en los grandes premios - esto es de escritores y críticos de arte. Los hay en nuestra provincia en número suficiente...”. El jurado nombrado por la Caja estaba compuesto casi íntegramente por excomponentes del grupo GAUR: R.Balerdi, J.L.Zumeta y Basterretxea para pintura, J.Oteiza, R.Mendiburu y Ricardo Ugarte para escultura. El jurado nombrado por Diputación, contaba con tres sacerdotes: Mª Asunción Arrázola, José Berruezo y Santiago Aizarna para pintura, el Padre Plazaola, Edorta Kortadi y Maya Aguiriano para escultura.

[9] Ninguna relación con el informalismo o abstracción defendido por GAUR, pese a estar como jurados Balerdi, Zumeta y Basterretxea durante varios años consecutivos.

[10] Resulta todavía imposible saber si la nueva periodicidad anual será favorable o desfavorable, aunque sin duda la existencia de un catálogo y una sala de exhibición prestigiada, son factores positivos. Tal vez la nueva estructura jerárquica de los premios no lo sea tanto.

[11] Respecto a la participación exitosa de mujeres en el certamen, hay que señalar los años 50 y ahora mismo. Los nombres de Pilar Careaga (1935), Ana MªParra, Maite Rocandio, MªJosefa Camps, Laura Esteve (entre 1953, 54, 55, 57) indican una mejor situación en épocas pasadas. Sólo en los años 91, 92 y 93 se ha dado un vuelco.

[12] El fallo de 1995 no se ha efectuado al entregar este texto por lo que es imposible hablar de él.  Debo agradecer la colaboración prestada por los responsables del patrimonio artístico de Gipuzkoako kutxa y de la Diputación Foral de Gipuzkoa, así como del archivo de esta última.

 
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