MARTINA DASNOY o una poética contemporanea

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“Pour moi, une certaine vérité de l’interprétation du réel c’est de revenir à une fluidité. Tout est mouvement, tout est impermanence. Et c’est dans la saisie immédiate de cette fulgurance que j’ai l’impression qu’on peut peut-être toucher à une vérité”.

abienne Verdier[1].

Desde que cursó en la década de los 80 sus estudios de Bellas Artes en la Universidad Complutense de Madrid, todo el interés de Martina Dasnoy se ha centrado en la práctica artística en sus diversas facetas: pintura, escultura, dibujo del natural, obra gráfica en grabado calcográfico, litografías y serigrafías.
Martina ha tenido varios estudios de artista y en el de Igara, en el que lleva los últimos años, se ubica su atelier al que, diariamente se desplaza a pintar. Al adentrarse en este atractivo estudio con algunos persistentes fantasmas en  la puerta de entrada: carteles de exposiciones ya realizadas, esculturas o máscaras de madera africanas que discurren por las mesas, junto a jades chinos antiguos y bibelots variopintos; antigüedades kitsch, sugerentes cabezas de cristal, recortes de revistas, objetos raros que sólo esperan que la mano de la artista las haga recobrar una nueva vida.  Una se encuentra aquí como en ¡un gran bazar!
La trayectoria de Martina Dasnoy[2] es larga, pero dentro de su apartado de formación, además de sus estudios de Bellas Artes ya señalados, hay que destacar la importancia de su paso por Arteleku, al igual que muchos de sus colegas artistas contemporáneos, sobre todo su participación en los talleres con José María Mezquita y los de litografía con Don Herbert. Sus grandes períodos de trabajo en la Asociación Artística de Gipuzkoa, a lo largo de estos años, realizando dibujos de desnudo al natural, le han dotado de una pericia técnica excelente en la captación del movimiento, del momento preciso, para lograr una síntesis concisa de espontaneidad y agilidad y, sobre todo, lo que consigue Martina con estos miles de apuntes, bocetos y dibujos que ha realizado es una gran fluidez, lo que nos remite a la pintora del encabezamiento, a Fabienne Verdier. Fluidez, deslizamiento, la mano sabia de la artista que se deja llevar cual autómata! Este gesto de fluidez aparecerá de repente, en un momento, en un gesto espontáneo, en un acto creativo sin parangón, alcanzando entonces cotas verdaderamente sublimes. Y esta gran habilidad se comprueba en la infinidad de magníficos cuadernos de artista, que posee Martina, que son un verdadero deleite para el ojo del espectador.
Martina siempre ha estado ligada a la música. Su madre tocaba el piano, su padre el violín y ella estudió clarinete, llegando a participar como concertista. Esta pasión musical se ha transmitido desde siempre a sus obras plásticas: ritmos suaves, ondulantes y melódicos, convertidos en color y formas.
Así lo refleja también en la actualidad, en su última exposición “Couleurs en musique, musique en couleurs” que se desarrolla en la Galería Airial de Mimizan[3], donde las obras pictóricas que expone Martina se leen como  partituras musicales, de ritmos y armonías entre colores.

Óleos y acrílicos sobre lienzo

Como seres humanos y homo faber que somos, vamos construyendo nuestra propia historia personal, a base de vivencias, que aunque en la mayoría de las veces es única e intransferible, a veces la compartimos y la celebramos con nuestros congéneres. Los artistas hacen lo mismo con sus obras. Una vez alcanzado el estilo, Martina Dasnoy utiliza su propio lenguaje personal, el que le confiere la personalidad artística peculiar y es, en ese momento cuando construye sus propias historias, narraciones, vivencias o sensaciones que plasma a través del arte, en cualquiera de sus soportes y medios: pintura, escultura, grabado, dibujo etc. Lo hemos dicho muchas veces: el soporte en el arte contemporáneo no importa.
Y esto es lo que hace Martina en cada cuadro: cada uno de ellos narra su propio relato y el espectador puede construirse otro: el suyo. Y en estos últimos años, Martina consigue este objetivo empleando una mayor figuración, un mayor enriquecimiento en la composición y una mayor intensidad de color[4].
Martina reconoce que ha vuelto con fuerza a esa mayor figuración en sus obras sobre lienzo en estos últimos años y esto se comprueba en las obras de esta exposición. “Utilizo desde estos últimos años, señala la artista, más el óleo pero lo hago sobre una base de acrílico”. Así consigue la artista unas calidades más ricas, unas texturas más densas, a la vez que podemos  observar un mayor abigarramiento, podríamos decir que su obra ahora es más compleja en cuanto a composición y también porque hay una mayor profusión de color que anteriormente. En la actualidad cuando pone dos colores, uno al lado del otro, los contrasta con mayor intensidad y ella misma reconoce la gran importancia que tiene “la interacción de los colores”. Martina siempre ha tenido tendencia por los colores azules, los amarillos, los verdes, los berenjenas, los naranjas, los fucsias, los ocres y tierras[5]
Siempre somos lo que somos y parte de ello lo debemos en parte a nuestros predecesores, que son muchos, pero en el caso de Martina sobre todo a Matisse, Kandinsky[6],  y a Rothko. Del primero, a Martina le interesa su ambientación y composición plásticas, la fluidez de su dibujo,  por supuesto el dominio fastuoso del color y el exotismo oriental que desprenden sus obras.  De Kandinsky, precursor de la abstracción, del lenguaje del color y de la espiritualidad en el arte, Martina bebe las fuentes de lo caligráfico, su interés por crear un equivalente de la música en su pintura, su experiencia interior, su aspiración espiritual. De Rothko, interesan a Martina las veladuras, el color, el silencio, las emociones, “la luz interna” que suscitan sus obras, la relación del espacio-fondo, sin bordes precisos y el espacio compositivo.
En la pintura de Dasnoy, sobre todo en los óleos, predomina el trabajo con las distintas capas de pintura; y esa superposición de capas, con pintura muy diluida va conformando la superficie, otorgando profundidad a la vez que excluye lo matérico.
El afán por la experimentación[7], una característica importante en toda la trayectoria artística de Martina, ya la ha hecho más sabia pictóricamente. Guiada Martina por ese afán constante de experimentación, de renovación sin límites, aparecen elementos muy recurrentes en sus obras: filamentos, células, amebas, hojas, escaleras, interiores, ventanas, motivos marinos, atardeceres y todo tipo de objetos.
Martina pilota la nave de la creación sin perder un ápice de los atributos que le han caracterizado y que ya describía en su exposición en Torre Luzea en 2010[8].
Los títulos de sus obras pictóricas son escogidos con mucho acierto, son siempre sugerentes y siempre evocan narraciones, relatos e historias que se desprenden de estas obras sobre lienzo. Así discurren en esta exposición de la sala Ganbara del KM: Laberinto de fantasías, Cadenas al viento, Arpegios musicales del 2017, Amarillo Bemol del 2018, etc.
“En las dos piezas que componen la obra Laberinto de fantasía me he dejado llevar -explica la artista- por la abstracción en este caso, por la estructura, por la geometría, por el ritmo del color, aquí más parco que en las otras obras de la exposición”.
Las veladuras son otra de las características de sus lienzos. A través de ellas se penetra en sus obras, hacen asomar objetos, planos diferentes y reflejan las diversas capas de pintura.
“El Paisaje siempre está en mis obras” insiste la artista y “es muy importante para mí, a lo largo de toda mi trayectoria”. Incluso en las obras más abstractas podemos encontrar el paisaje, porque son paisajes interiores y en ellos siempre está presente la Naturaleza.
Martina ha ejercitado siempre el paisaje y los bodegones. “Itzulia“, la casa de Senpere, ha sido siempre en verano el lugar de encuentro de amigos pintores, en sesiones de 15 días para practicar el pleinarisme[9] en su concepto más verdadero, el de la pintura al aire libre. En definitiva, el de sacar el caballete y las pinturas y pintar en la naturaleza.

¿Objetos inverosímiles o nueva vida a nuevos objetos?

Desde su reiterada participación en la “Exposición 12 cm.” que ha cumplido 22 ediciones y que organiza el Ayuntamiento de Pasaia, Martina se ha adentrado en la realización de esculturas, objetos y pequeñas instalaciones.
La inteligencia y la ironía están presentes en sus esculturas o ready-mades. Cuando Martina crea un objeto imposible o ambiguo, o irónico, o inverosímil, le otorga una nueva vida al nuevo objeto y eso no es ninguna rareza. Martina pone en circulación su gran veta creadora, la defaber ludens, la de artista divertida, la que juega. Martina trabaja muy bien y domina los materiales, las herramientas, todo tipo de utensilios y sobre todo la técnica. Es muy importante este conocimiento de la técnica y de lo artesano, porque a ella, muchas de las ideas se le liberan trabajando con las propias manos. La artista aboga por “thinking is making”, pensar es hacer. En una sociedad productora de imágenes, Martina con esta serie de esculturas propone tergiversar, jugar con los propios objetos: hacer y hacer. Juega con lo opuesto, con lo geométrico, con guiños al absurdo, al dadá.
Los inicios de esta serie de ready-mades se remontan a unas hormas de zapatos de madera, compradas en los puestos de los brocantes de Ahetze, Biarritz o Hendaia. Esta pasión por los brocantes la  cultiva desde siempre. Es importante la forma sinuosa de las hormas, esas formas que en unos momentos parecen una cabeza o el cuerpo de un pájaro o el de unas alas y por ello se pueden transformar en unos objetos totalmente diferentes. Ya el material, el de la madera es tan noble que es bonito per se, y luego a esto se le añade el plus de la pátina que imprime el paso del tiempo.

 

Ut pictura poesis

De su gran atracción, como ya hemos visto por China, país al que viaja en  diversas ocasiones en 2004, 2006 y 2013, a Martina le sirve ello de fuente de inspiración en sus obras, al igual que le ha ocurrido tras su último viaje a Birmania en 2010, como bien se puede comprobar por ejemplo en la obras Mercado  I y II (2017).
De China Martina se ha traído una serie de rollos especiales chinos, y valga la redundancia, rollos enrollables de papel de arroz, sobre un entelado adamascado blanco, que la artista ha pintado ex proceso para esta exposición de la Sala Ganbara del KM. 20 pinturas con su lenguaje propio y personal para formar una instalación. Para ello ha empleado tinta china, acuarelas, lápices negros y carboncillo, pasteles de colores y en algunas ocasiones nogalina para acabar el proceso con un fijador.
A diferentes soportes, técnicas también diferentes. Al igual que los monjes pintores chinos, Martina ha trabajado pintando estos papeles sobre una mesa.
En Los Poemas del río Wang[10], el artista Wan Wei que cultivó no sólo la poesía sino también la música y la pintura, observamos que esos poemas llevan insertos la pintura dentro de ellos. En las pinturas personales de Martina de estos rollos chinos, como también se puede ver,  hay también poesía.
Esto nos remite al Ut pictura poesis, como la pintura así es la poesía, locución del poeta romano Horacio que promulga que «la poesía es pintura que habla y la pintura poesía muda». Y así surge un apasionado debate filosófico a lo largo de muchos siglos en los que se ha visto inmersa la Teoría del Arte y la Estética en el que el concepto de imitación, la llamada mímesis preconizada por Aristóteles y que propugnaba la imitación de la naturaleza como fin esencial del arte ha sido un punto primordial de atención a lo largo ya de toda la Historia del Arte.
Si bien estos preceptos se han venido cumpliendo de manera secular en la historia magnífica de la pintura tradicional china, Martina no se ha dejado llevar en estas pinturas por la mímesis, sino todo lo contrario, por una abstracción total, a diferencia de sus obras sobre óleo, que hemos tratado anteriormente. Pero sí ha creado la artista unos poemas pictóricos, unos ritmos musicales que dejan al espectador sumergirse hacia un viaje interior, a un imaginario en el que las ideas, las músicas y una gran diversidad de sensaciones afloran y se revelan.
Hay que traspasar los límites del lenguaje para adentrarse en nuevos derroteros para crear y componer una nueva mirada, como cuando se entrecruzan las palabras y las imágenes. Aquí todo se conjuga en una sinfonía visual, lírica y poética. La construcción de imágenes abstractas en estas pinturas de Martina Dasnoy con trazos simples, concisos y libres nos transportan a ese viaje anteriormente citado y a deambular por esta instalación concebida como una poesía visual.
Los reiterados grafismos y caligrafías que aparecen en estos rollos chinos son utilizados para determinar y perfilar en las obras los contornos y en otras ocasiones, para atravesar de lado a lado las composiciones. Lo que importa es lo pictórico, el abstracto de manchas y trazos que nos conducen de nuevo a la pintura informalista.
El trazo es primordial en la pintura tradicional china[11] y en todas las pinturas de esta serie de Martina Dasnoy. Dependiendo de la intensidad, de la velocidad de ejecución, del grosor de la pincelada, de la sugerencia de volumen, Martina trabaja la línea ondulante, la curva, los grafismos, a la vez que hace hincapié en los espacios vacíos. Lo vacío y lleno como  el ying y el yang,  complementarios u opuestos Martina  sintetiza las variadas formas, busca lo esencial preferentemente. El calígrafo[12] es como el artista y en este caso Martina, que busca siempre con sus obras sugerir  actúa como tal y crea a través de su universo cromático sobrio, una ensoñación pictórica. Incluso como calígrafa Martina, a través de un gesto, de un solo trazo nos  llega a pintar un instante.
El azar es importante también en  estos rollos y en general en toda su pintura, Martina conjuga los volúmenes geométricos, crea evanescentes atmosferas con distintas veladuras. Y buscando precisamente ese equilibrio entre figuración y abstracción Martina se interesa por lo orgánico, por semillas  u hojas como motivos naturales que se reiteran en estas pinturas.

Martina pasajera del silencio

Una aspiración a lo universal, de armonía y de belleza, o como dice acertadamente Fabienne Verdier, llegar a la verdad de “refléter le souflle vital” este es un objetivo en el que podríamos enmarcar el recorrido y la trayectoria de Martina Dasnoy, la del camino que conduce a poder expresar plásticamente una parte del misterio de la belleza del mundo: su armonía y caos.



[1]Fabienne Verdier. La passagère du silence.Dix ans d’initiation en Chine. Éditions Albin Michel, 2003.

[2]Se recomienda navegar por su página: www.martinadasnoy.com

[5]Maria José Aranzasti. Martina Dasnoy. Donostia, Gráficas Igara, 2009. Se puede descargar el libro en http://www.martinadasnoy.com/uploads/descargas/martina-dasnoy.pdf

[6]Kandinsky. De lo espiritual en el arte(1910) y Punto y línea sobre el plano (1926).

[8]María José Aranzasti. La ensoñación pictórica de Martina Dasnoy. Zarautz, 2010. “Están presentes algunas de las características que mejor definen su obra artística: grafismos y caligrafías, líneas ondulantes en negro, drippings y chorretones de pintura. Lo que importa fundamentalmente es lo plástico, el abstracto cromatismo de los trazos en unas composiciones que conforman el mundo de la pintura informalista”.

[9]Término atribuido a la Escuela de Barbizon y a los primeros impresionistas franceses pero habría que señalar que esta práctica, al margen de la terminología pleinarisme se ha realizado desde los inicios del hombre como artista, es decir a lo largo de toda la Historia del Arte desde siempre.

[10]Wang Wei. Poemas del río Wang. Colección Pliegos de Oriente. Editorial Trotta, Madrid, 2004. Wang Wei cultivó la contemplación silenciosa de la naturaleza como fuente de conocimiento de la esencia del propio ser y pertenece a la Edad de Oro de la cultura china, en la dinastía Tang (618-907 d.C)

[11]Enhttp://confuciomag.com/principios-esteticos-de-la-pintura-tradicional-china“Una de las características más singulares de la pintura tradicional china es que los recursos plásticos usados por el artista no se aplican en función de una lectura unívoca de la imagen, sino que se centran en la capacidad de sugerencia que aporta esa imagen, buscando deliberadamente un sutil equilibrio entre la figuración y la abstracción, entre lo real y lo poético, entre lo que se ve y lo que se sugiere”.

[12]En Passagère du silence. “Le calligraphe est un nómade, un passager du silence. Il est animé par le désir de donner un petit goût d´éternité à l´éphémère”. (El calígrafo es un nómada, un pasajero del silencio. Está animado por el deseo de dar un pequeño sabor de eternidad a lo efímero.)

 
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