Txomin Badiola. El juego del otro.

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21/3/1997 - 24/5/1997


Artistas: Txomin Badiola
Textos: Jose Luis Brea



Txomin Badiola nace en Bilbao en 1957. Realiza sus estudios en la Facultad de Bellas Artes de Bilbao, donde ejercerá como profesor durante seis años (1983-1989). En 1989 se traslada a Londres durante un año con una beca de trabajo. Desde 1990 vive y trabaja en Nueva York.

Badiola forma parte de la generación de escultores vascos que se dieron a conocer a medidados de los ochenta y que realizaron una obra muy ligada al lenguaje conceptual y minimalista. Su trabajo, influenciado por el contexto personal, geográfico, histórico, político y cultural, ha ido desarrollándose y evolucionando del objeto espacial tridimensional hacia una escultura más literaria a la que ha ido incorporando nuevos lenguajes y materiales que enriquecen su universo formal.

Esta exposición está compuesta por ocho instalaciones que continúan y profundizan el trabajo presentado en 1995 en la galería Soledad Lorenzo de Madrid. El mismo Badiola explica que estas instalaciones se presentan a modo de "historias", relacionadas con algunas de sus inquietudes y preocupaciones: el sexo, la política, la violencia, lo cotidiano, la cultura, la moda, la neurosis, etc.

Como ya pudimos apreciar en la obra titulada Recent Family Plot de 1992, presentada en esta sala con motivo de la exposición Un siglo de arte en los fondos de la Diputación Foral de Gipuzkoa, Badiola recrea espacios interiores que evocan fragmentos de habitáculos humanos vacíos, en los que introduce formas que hacen referencia a las vanguardias artísticas de principios de siglo. Para ser más precisos, en la obra del artista hay una constante apropiación del cuadrado de Malevitch, cuadrado que Badiola transforma en ventana, en abertura, en hueco abierto o cerrado. Sus construcciones están cosntituídas, por lo general, por paneles de madera laminada plástica, por sillas y por estructuras de madera a modo de muebles, elementos que combina y ordena y que denotan una presencia humana, ausente en este tipo de construcciones.

En las instalaciones que se presentan en esta exposición, Badiola continúa construyendo y delimitando espacios, pero en su evolución estos espacios se han ido poblando de objetos de distinta naturaleza, de imágenes e incluso de personajes que dan lugar a complicadas y sorprendentes escenografías narrativas.

Frente a estas instalaciones el espectador juega un papel muy importante, es él, con su actitud, con su comportamiento, el que va a permitir que se establezca una relación de comunicación. El hecho de poder entrar en el espacio de la obra o de observarla desde fuera, de poder acercarse a los objetos, de poder mirar a través de los huecos y descubrir otros espacios, le convierte en un personaje real que entra a formar parte de la historia, afrontando personajes y situaciones, participando de esta manera en el juego que se le propone.

Badiola intenta apaciguar las oposiciones tan reñidas entre Modernidad y Posmodernidad y, como dice el crítico Donald Kuspit, frente a las actitudes de los artistas puramente posmodernos, el artista intenta crear un cierto sentido de la autenticidad personal y social, que es lo que separa sus construcciones de las cínicas de ellos.

La cohesión entre las ocho "historias instalación" sería un particular sentimiento de melancolía, semejante al del famoso grabado de Durero del mismo nombre, en el que un personaje, cuanto más rodeado de elementos, utensilios, conceptos, extensiones, objetos, todos ellos destinados a engrandecerle, más profundamente solo, desorientado y triste se encuentra. Un sentimiento particularmente intenso en un momento como el actual, en el que los mensajes expansivos de lo humano propiciados desde la nueva realidad científica y tecnológica, coinciden con la pérdida profunda e irreparable de la fe en el mismo concepto de lo humano.