XLI Certamen de Artistas Noveles

Imprimir

19/5/2005 - 2/7/2005

Comisaria: Beatriz Herráez
Artistas: Izaskun Alvárez, Pablo Aramburu, Judas Arrieta, Ingrid Buchwald, David Civico, Arturo De Diego, Iban Del Campo, Oier Etxeberria, Cristina Guerrero, Pablo Ibarbia, Aitor Lajarin, Edorta Langara, Mikel Louvelli, Ibai Maritxalar, Ane Meoki, Olaia Miranda, Salvatore Tutti, Manu Uranga
Textos: Beatriz Herráez
 

1er premio - obra: Ingrid Buchwald, AB-1592-Y-30 JAN.

premio - obraManu Uranga, Ander Kristo.

3er. premio - proyecto: :Salvatore Tutti, Topemanta art.

 

youth of today [YOT] / agnostic front A time to remember [during the fall]

Los textos en catálogos dedicados a artistas jóvenes, noveles o emergentes –el lenguaje se ha sofisticado hasta flexibilizarse en extremo adaptando estos términos a las circunstancias del arte actual- asombran por el desasosiego y la inquietud que muestran muchos de los que escriben ante distintos aspectos de las obras y artistas expuestos. Textos en su mayoría que a modo de pequeños ensayos introductorios reflejan un hecho del que se ha hablado mucho, quizá demasiado, en torno a lo que suponen y significan este tipo de ayudas; de su condición de maquillaje de la precaria infraestructura de lo real, de ser filtros que generan obras y estéticas determinadas –de concurso-, cuando no de la necesidad de fomentar las políticas destinadas a la producción en lugar de la adquisición, o del hecho de estar dirigidas en exceso al contexto local.

Y sin embargo este modelo perdura.

Mangos de plástico completos para 5 agujas en línea y 9 agujas de magnum.

Cómo colocar un barco en el interior de una botella y fotografiar una maleta que lleva escrita la palabra esperanza -Tacita Dean; How to put a boat in a bottle (1995) y Hope suitcase(2000)-. Empujar un bloque de hielo por las calles de México D.F. hasta que se derrita mientras los transeúntes que quieren prestar su ayuda no salen de su asombro al escuchar la negativa del artista ante su ofrecimiento; “Se trata de que lo haga yo solo hasta que el hielo desaparezca…” –Francys Alÿs; Paradox of Praxis (1997)-…. Ejemplos de trabajos que son tan sólo una mínima parte de una colección muy extensa de pequeños gestos, de acciones tal vez inútiles e improductivas, y que sin embargo también permanecen, que perduran en el tiempo.

La madurez, dicen algunos, que es un estado deteriorado de la adolescencia, y aquello de youth of today termina siempre fatal o al menos no como estaba programado. Valcárcel Medina –nada sospechoso en términos de juventud o resistencia subvencionada- afirma que el problema radica siempre en la intensidad que conlleva el fracaso, mucho mayor que la del éxito y en que por lo tanto, e irremediablemente, éste es siempre mucho más atractivo como destino. Un destino que consiste en empujar un bloque de hielo hasta que se derrita o insistir metódicamente para que un canto rodado produzca formas cuadradas en lugar de los clásicos círculos concéntricos cuando se arroja al agua de un lago.

En un tiempo en el que la fábula sustituye a la utopía y la perturbación política del espacio público a través del arte parece historia de un pasado reciente –que incluso se ha convertido en historia como desacuerdo a la oficial-, quedan ya pocos resquicios para el fracaso meditado y voluntario. Probablemente sólo esas acciones sin trascendencia y secretas, esos pequeños gestos, puedan ser hoy entendidos ya como activismo frente a la frenética sucesión de proyectos inabarcables.

Probablemente, decía, se conozcan las consecuencias de aquello que no es práctico, e incluso cuando algo va mal y hasta cuándo se acaba; el problema es que, quizá, ésta sea una decisión meditada. También la de los noveles, los jóvenes y emergentes

Todo podría haber sido de otro modo -en el arranque silencioso hacia el fracaso que supone un premio de arte joven-, pero en esas estamos cuando a la desaparición reciente de muchas de estas convocatorias sólo les sucede el vacío y comenzamos a añorar aquellos puntos de encuentro anuales, empezando a mencionarlos como si definitivamente no fuesen ya más que recuerdos entendidos desde la melancolía. Como en un concierto de un grupo que se reúne años más tarde sin percatarse de que en ocasiones no es acertado el reencuentro –porque realidad y memoria se entienden fatal-.

Un catálogo de obras -listados de artistas, de títulos y trayectorias-, que también contempla el momento de la caída; porque sabemos que al final todos cayeron, antes o después, y como parte del juego. El salto al vacío de Klein; frente a la cámara como Aconcci; en un canal de Ámsterdam con Bas Jan Ader; de nuevo Francis Alÿs en Hyde Park; e incluso Tetsuo; conscientes desde su inicio de que nacían para caer. Todos llevaban aprendido el que al final hay que saltar al vacío –sin premios o ayudas- para poder ser documentado y archivado en un entorno apropiado.

Quizá las razones para entender el recorrido y permanencia de propuestas como la de noveles deban buscarse, precisamente, en su condición de ser uno de esos escasos territorios que fomentaron y fomentan aquellos espacios de encuentros casuales –al tiempo que desencuentros y batallas-. Un contexto para el intercambio –que probablemente sustituye al entorno natural donde estos debieron surgir y afianzarse- y que genera un entorno que ha permitido poner en contacto a individuos extraños confrontado propuestas dispares. Igual estos proyectos sólo generen en muchos casos recuerdos -tentativas de inmortalidad puntuales y sin solución de continuidad-, y la permanencia de muchas de las obras expuesta sea dudosa, pero ésto es ya suficiente –incluso demasiado- para comprender su importancia como espacio para la cristalización; como imagen y modelo que perdura de aquel lugar donde sucedió algo imprevisto y distinto.

Un espacio y un tiempo para ser recordado –incluso mientras saltemos-.

Beatriz Herráez.